Revisar la relación entre nosotras - Violeta Mendoza Burón
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Revisar la relación entre nosotras

Revisar la relación entre nosotras

 

En estos momentos de la evolución del mundo occidental nos resulta impensable e incluso ridículo que las mujeres no tengamos derecho al voto, que debamos pedir permiso a maridos o padres para trabajar, estudiar o realizar cualquier otra actividad social, que no tengamos plena libertad para elegir la formación académica y profesional que más nos convengan, que no seamos libres para decidir sobre cómo y con quién nos relacionamos sexualmente; o dar explicaciones sobre cómo distribuir nuestro tiempo entre la vida personal y la laboral.

Para llegar a esta posición han hecho falta muchos años de lucha y reivindicaciones de todas las mujeres que nos precedieron, que comprometieron sus vidas en la consecución de un justo ideal. Desde aquí mi más profundo agradecimiento a todas ellas.

Student girl in casual with purple flag in hands

Queda, sin embargo, mucho por hacer. Y por esto el feminismo es una forma de vida, de conciencia, que no solo pasa por la defensa y el ejercicio de los derechos políticos, sociales y culturales si no que abarca el sentimiento de plena libertad para elegir el tipo de vida profesional, personal y familiar que mejor se adapte a cada una de nosotras, aquella que mejor represente nuestra esencia como mujeres y como personas.

La necesidad de posiciones categóricas y firmes como herramienta para conseguir lo alcanzado han dado lugar a creencias y hábitos de funcionamiento, la mayoría de las veces implícitos, dentro del colectivo femenino. Estos patrones o guías son imprescindibles para la articulación y marcha de cualquier sistema. El colectivo femenino, que incluye tanto a los grupos organizados y concretos como al resto de nuestra comunidad, asume e interioriza estos patrones y los hace propios, proporcionándonos un sentido de pertenencia.

Funcionamiento de los grupos

Los hábitos son directrices que ayudan a que un grupo, organización, familia o población evolucione, así, el cambio y la revisión de estos hábitos y creencias hará que el grupo crezca y siga desarrollándose como consecuencia de la transformación y el progreso de sus componentes. Si los hábitos se estancan y no evolucionan el grupo se deteriora puesto que las personas que lo forman tienden a la expansión y al progreso.

Cuando en un sistema (familiar, laboral, escolar, amistoso) una integrante decide revisar las creencias que hasta ese momento le resultaban válidas para cambiarlas por otras que se adapten más al momento del ciclo vital y a los deseos o prioridades de la persona promotora de esos cambios, suelen surgir resistencias en el núcleo del sistema que lo experimenta como una amenaza o traición a la integridad del grupo.Woman standing alone in a crowd.

Sucede que cuando una parte de un sistema se mueve el resto del sistema se debe mover para adaptarse a la nueva estructura. Este hecho genera temores que pueden ir desde el miedo al abandono o traición, al miedo a la pérdida de la cohesión del sistema o miedo a perder lo que como grupo se ha alcanzado si cambian los parámetros. Miedos totalmente comprensibles si analizamos nuestra forma de comportamiento como seres pertenecientes a un colectivo, ya sea laboral, familiar o activista. A la persona que propone cambios, aunque solo sea eligiendo opciones para su propia vida que no estaban previstas en las normas del grupo, la solemos percibir como una persona desertora y ésta se va a encontrar entre la lealtad a sí misma y la lealtad al grupo.

Es imprescindible en cualquier grupo, organización, familia o asociación revisar las normas que regulan sus actividades, sus relaciones y sus creencias. Sobre todo aquellas que no son explícitas o visibles. Éstas son las que realmente confunden a la hora de aceptar la apertura y el cambio.

Los cambios: inevitables y necesarios

En los últimos años hay un deseo mayor por parte de las mujeres de dedicar una parte importante de su tiempo a la crianza de sus hijas e hijos, reduciendo el tiempo de dedicación a su profesión como elección de vida. He tenido la oportunidad de acompañar a algunas de estas mujeres, comprometidas con el desarrollo del feminismo, en la comprensión del proceso de confusión que se ha generado en ellas cuando han comprobado que no han sido apoyadas en esta decisión como esperaban y hubieran necesitado por parte de su entorno laboral.

Un entorno laboral formado por mujeres en los puestos de responsabilidad y dirección, lo que supuso un choque importante entre lo que esperaban y lo que vivieron; entre cómo querían vivir su maternidad y cómo “debían” hacerlo para seguir siendo leales a un sistema que tenía establecidas sus propias reglas, aunque en este caso sean solo reglas tácitas, lo que aumentaba el estado de desconcierto puesto que no hay nada tangible con lo que responder.Business concept, working in office

Los casos que he acompañado me han facilitado el poder escuchar el testimonio de otras mujeres que han vivido esa misma experiencia cuando han decidido vivir su maternidad del modo que más coincidía con sus deseos y sus valores como madres. Los sentimientos descritos por todas ellas con respecto a su entorno laboral son de desvalorización, culpa, falta de apoyo, desplazamiento de las responsabilidades laborales adjudicadas, junto con críticas verbales y expresas tales como “no esperábamos esto de ti” o “me ha sorprendido mucho tu decisión, yo pensaba que eras feminista”

Los sentimientos enumerados más arriba son los mismos que describen aquellas mujeres que han experimentado discriminación en un espacio laboral mayoritariamente masculino. Al intentar preservar sus derechos y tratando de proteger a la mujer, lo que se ha conseguido, es que se sientan marginadas.

Defender la necesidad de seguir actuando para conseguir erradicar las situaciones injustas para las mujeres y tener derecho al desarrollo profesional, no debería estar en contradicción con la opción de ser madre conforme a los valores que cada una elija. De lo contrario estamos limitando el crecimiento de la mujer como tal y como persona, que es precisamente uno de los grandes pilares del feminismo. Sin embargo, la elección de dedicar más tiempo a sus hijos e hijas ha sido juzgada peyorativamente y como consecuencia de igual forma se han sentido las mujeres que han tomado esta opción de manera personal, libre y consensuada con su pareja.

Ser madre puede ser una opción tan legítima como no serlo, pero en ningún caso podemos permitirnos que la toma de una u otra decisión origine ningún tipo de fisura entre nosotras. Como tampoco puede hacerlo la cantidad de tiempo que cada una opte por dedicar a su pareja, a sus hijos o a cualquier familiar o grupo al que pertenezca. El apoyo, la solidaridad y el respeto es lo que nos hace fuertes. Niña con trenzas con su madre y hermano abrazándola

Hemos de poder evitar que las mujeres sientan que tienen que demostrar cuánto saben y cuán valiosas son en su profesión por el hecho de ser mujeres; para ello hay quienes dedican una gran cantidad de horas al trabajo en detrimento de su vida privada, sea cual sea el tipo de vida que elijan. No sería una objeción si esta dedicación fuera una fuente de satisfacción personal, pero no suele serlo. En la mayoría de los casos, según sus propias declaraciones, se sienten “obligadas” a dejar a sus hijos demasiadas horas al cuidado de otras personas, o no les da el día para dedicarse a su propio cuidado o a compartir tiempo con las personas que ella elija.

Permitir que esto ocurra o siga ocurriendo, sobre todo, en un espacio laboral donde la responsabilidad de la dirección es ocupada por mujeres no es evolucionar a nuestro favor, es hacer más de lo mismo aunque sea con diferente justificación.

Debemos promover y promulgar políticas que apoyen la conciliación laboral de una forma eficaz y realista, profundizando en las verdaderas necesidades durante el periodo de crianza de las hijas de forma que las mujeres que decidan ser madres no vivan su maternidad con angustia y con la sensación de tener que estar “pagando un precio” por el hecho de serlo y decidir trabajar. Se debería contar con las mujeres para esto, es a nosotras a las que hay que preguntar cuáles son las necesidades reales para que la conciliación laboral sea realmente eficaz. Esta es un área que todavía no hemos resuelto bien, para ello debemos estar todas juntas, sin juzgar la decisiones que tomen unas y otras en cuanto al tiempo que cada una decida dedicar a la crianza.

La pareja: una buena opción

Portrait of attractive senior happy smiling cheerful couple embracing, outdoors

Con demasiada frecuencia, los cambios en los tiempos que una mujer elige dedicar a sus relaciones más íntimas, son interpretados erróneamente en clave de presiones para que así suceda por parte de su pareja y familiares, quedando la mujer, según esta interpretación, despojada de su capacidad de decisión y su libertad de elección de cómo vivir su vida. El respeto y el apoyo a la decisión que cada una tome por parte de sus amigas o compañeras es el mejor motor para que una mujer se sienta valorada y cada vez más fuerte. El juicio y la amonestación conducen a la culpa, a la falta de valoración de sí misma, al sentimiento de abandono, al propio cuestionamiento y muchas veces al aislamiento y la soledad. Sobre todo si ese juicio y por tanto, esa culpabilización, proceden de nuestras amigas o compañeras con las siempre que hemos contado.

Se tiende a asumir la vulnerabilidad de la mujer como un ser influenciable sobre todo por sus parejas varones. Pocas veces se contempla la decisión como propia y se respeta y apoya sin condiciones o reservas, si no que es considerada por el resto del grupo al que pertenezca (laboral, amistoso o asociativo) como un retroceso, sin tener en cuenta el grado de satisfacción personal y calidad de vida que genera en la mujer que elije otra opción.

TRISTEZA Y DEPRESIÓN EN MUJERES 10-4-2006 FOTO: PACO AYALA

He acompañado a mujeres en los que este problema ha sido especialmente difícil, mujeres que forman parte de grupos de amigas o asociaciones de índole política, cultural o social. En estos grupos son reconocibles pautas que definen la adhesión al grupo y en los que pueden brotar sentimientos de traición o falta de compromiso con el conjunto cuando alguna de sus componentes decide priorizar otras relaciones y elude o transforma los patrones o hábitos que hasta entonces regían en la marcha de ese sistema y en su forma de vincularse.

La mujer implicada en otras opciones de vida experimenta un grado de exclusión del grupo al que pertenecía. La naturaleza de las relaciones que se prioricen determina el grado de exclusión tanto si se trata de un grupo amistoso como de uno de naturaleza asociativa.

En ambos tipos de grupos se tolera mejor que se prioricen las relaciones con los padres o las madres o/y con los hijos e hijas que cuando el componente priorizado es el marido. A la luz de estos datos quizás nos deberíamos preguntar cómo son nuestras relaciones de pareja, qué grado de satisfacción nos proporcionan, si ofrecen mayor calidad a nuestras vidas, o si por contrario son fuente de infelicidad y frustración y por tanto, cuál es nuestra responsabilidad en mantener este vínculo y qué función tiene en nuestra vida.

Encuestamos a mujeres de forma individual y a otras que forman parte de alguna asociación con el fin de refrendar y apoyar las hipótesis que emergían de los casos abordados en consulta cuya demanda era, por un lado, analizar el malestar surgido como consecuencia de optar por un cambio en la frecuencia del tiempo dedicado al grupo, y por otro lado, contar con recursos para poder posicionarse de una forma saludable en sus relaciones de amistad o en su colaboración con las asociaciones a las pertenecían.

Las preguntas de la encuesta fueron estas:
De 0 a 10, siendo 0 ausencia de malestar y 10 total malestar
1. ¿Cuánto malestar te supondría que una amiga/socia dejara de frecuentar el grupo/asociación en la misma medida que lo había hecho hasta el momento, porque decide priorizar a su pareja?

2. ¿Y para estar con sus hijos e hijas?

3. ¿Y para estar con sus padres, madres y/o hermanos/as?

Resultados en el grupo de naturaleza amistosa                                    Resultados en el grupo de naturaleza asociativa

grafico-malestar-individual-foto         grafico-maestar-asociacion-foto

No existen diferencias significativas en las puntuaciones entre las dos categorías de colectivos. Tampoco las hubo a la hora de valorar el método de consulta. La petición era dar un valor de 0 a 10 en el grado de malestar, aunque la gran mayoría de las encuestadas tuvieron la necesidad de matizar las respuestas, en función de supuestas circunstancias que la compañera que se ausenta pudiera estar viviendo. Sin embargo, no es más lícito sentir un mayor o menor grado malestar en función de las “circunstancias” de la mujer que decide libremente compartir más o menos tiempo con su entorno, sea cual fuere la naturaleza de las relaciones que prioriza. Lo deseable es que sea respetada su decisión sin condiciones o juicios sutiles o manifiestos.

Reflexionar para evolucionar

Es un buen momento para revisar y reflexionar sobre nuestros vínculos como mujeres contribuyendo como siempre hemos hecho a nuestra evolución, teniendo en cuenta todas las elecciones de vida y todas las sensibilidades.

Group of women on a white background

Las mujeres tenemos una gran capacidad de análisis de las propias experiencias, de las cuales aprendemos, una amplia capacidad de organización, de construcción de otras realidades, un deseo muy saludable de disfrutar la vida y una considerable empatía. Aprovechémosla en nuestro favor.

 

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