Los Celos, otro punto de vista | Violeta Mendoza Psicóloga
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Los celos: Otro punto de vista

Los celos: Otro punto de vista

Definidos como una patología son siempre sospechosos de desequilibrio en la persona que los padece. Cualquier definición o comentario, cualquier forma de tratamiento está siempre diseñada desde un punto de vista unilateral, asumiendo que la persona que los sufre es la única responsable.

Cuando hablo aquí de celos no me refiero en ningún caso a la conducta exacerbada que formaría parte, como una variable más, de graves conflictos en las relaciones de pareja. Esta cuestión concreta merece un tratamiento aparte.

Quizás un buen comienzo sería aceptar que los celos son la respuesta natural a la amenaza de la pérdida de un objeto amado. No solo es una respuesta natural sino que es una respuesta común en todos nosotros no reconocida la gran mayoría de las veces por vergüenza y por ser un sentimiento considerado como inadecuado.

La negación de este sentir no ayuda, es más, lo complica, porque ninguno estamos libres de ese sentimiento. Todos en algún momento de nuestra vida relacional hemos sentido en uno u otro grado el miedo o la inquietud a la pérdida del otro, manifestándolo a través de la conducta que conocemos como celos.

Aspecto Biológico
DNA molecules

Considerando nuestra parte biológica y que la reproducción de la especie es algo innato, teniendo en cuenta las diversas teorías antropológicas que tratan de explicar nuestra conducta sexual y reproductiva, es este instinto procreador el que nos llevará a “defender y conservar” a quien consideremos más adecuado para perpetuar nuestros genes. Sintetizando mucho, algunas de estas teorías concluyen que nuestros antecesores ya tuvieron el impulso de permanecer junto al progenitor elegido por el buen desarrollo de las crías, incapaces de sostenerse por sí mismas durante una buena parte de sus primeros años.

 

En el caso de nuestros ancestros machos al permanecer cerca de la hembra que había elegido para procrear se aseguraba que ningún otro varón la fecundara y por tanto no gastaría energía en cuidar de otras crías que no fueran las suyas propias. Igualmente como forma de asegurarse que la prole herede sus propios genes se ha practicado el sexo independientemente de que sean o no días fértiles puesto que la ovulación en la mujer no es perceptible como en otras especies. Es una ovulación oculta, motivo por el cual la mujer se muestra receptiva también en cualquiera de los días del ciclo como una “herramienta” para conservar al hombre cerca y que éste la acabe fecundando, siendo receptiva incluso después de ser fecundada como una forma de asegurar que el hombre se quede a ayudarla en la crianza de los hijos garantizando la supervivencia de éstos. (¿Por qué es divertido el sexo? Diamond Jared)

Caveman

Contamos con un buen número de teorías que tratan de explicar el comportamiento sexual y reproductivo humano y cómo hemos ido evolucionando en este comportamiento, pero en cualquier caso la tendencia de los humanos ha sido la de “asociarse” como forma de garantizar la seguridad necesaria para reproducirse y ayudarse mutuamente en la crianza de los hijos, y por lo tanto a proteger y defender la unidad que se crea a través del pacto con el otro progenitor para llevar a cabo esta tarea que garantizará la supervivencia de las crías y la continuidad de los genes.

Solo reconocer esta circunstancia desdramatizaría el hecho de sentir celos. No negarlos y considerarlos una parte natural como seres vivos susceptibles de reproducirse nos conduciría a un manejo racional y adecuado de los mismos, pero una vez más debemos conciliar nuestra dimensión biológica instintiva con nuestra dimensión racional, cultural, intelectual y comportamental.

 

Aspecto social

No solamente hemos ido evolucionando hasta llegar a un acuerdo sobre cómo cuidar de nuestras crías sino que hemos ido evolucionando sobre cómo relacionarnos, buscando nuevos modelos que nos compensen del esfuerzo o del gasto de energía que supone la crianza.

Mientras nuestras necesidades más básicas de alimentación y protección han estado al descubierto hemos mantenido la unidad sin dudar de ella. La supervivencia es lo primero que protegemos.

A través del desarrollo de las sociedades las formas de relación humana y las relaciones de pareja también se han ido desarrollando y cambiando, pasando por distintos modelos. En la medida en que las necesidades básicas no se ven amenazadas podemos permitirnos el desarrollo de la intelectualidad y del conocimiento.

En nuestro caso, en nuestro país, vivimos en un momento histórico en el que el tipo de relación que mantuvieron nuestros padres no nos sirve. La estructura, la repartición de los roles tradicionales y el lugar que cada uno ocupaba en estas relaciones estaba muy definido. Ahora buscamos una nueva fórmula sin que todavía esté muy clara.

Durante las décadas de los 80 y 90, nuestro país vivió una gran apertura política y social después de un largo período autoritario dictatorial que imponía límites en el desarrollo de todos los órdenes y por tanto en el social, de manera que las relaciones de pareja no tuvieron ninguna oportunidad de progresar hacia un nuevo vínculo donde cada miembro se pudiera desarrollar también como ser individual

Paralelamente a la apertura política y social se inició la búsqueda de un nuevo modelo de relación de pareja como parte del entramado social, se hacía necesario un tipo de relación más igualitaria y más justa entre hombres y mujeres así como hacer visibles y reconocer las relaciones de pareja entre personas del mismo sexo.

IMG_9105abComo reacción y muestra de rechazo a todo lo que se había vivido hasta entonces y como respuesta de negación a lo que fueron nuestros mayores, con la creencia bienintencionada de que así lo haríamos mejor que ellos, nos fuimos de un extremo a otro, sin contemplar matices. Fue la época en que se establecían relaciones de parejas abiertas, en la que los límites en las relaciones no solo no se contemplaban, si no que estaban mal vistos y eran contrarios al progreso (siempre dentro de un contexto social progresista). No se establecían diferencias entre el comportamiento o conducta relacional y sexual de una persona sin pareja en comparación con otra que sí la tuviera. Si bien esta postura, igualmente radical, pudiera haber sido necesaria precisamente para conseguir el cambio de modelo, procuró también dolor y sufrimiento, puesto que era un comportamiento “obligado” y en disonancia con el sentimiento con el que habíamos sido socializados y con el impulso biológico de conservación de nuestra especie que nos empuja a, como mencionaba más arriba, “defender y conservar” a quien consideremos más adecuado para perpetuar nuestros genes.

En nuestros días sufrimos las consecuencias de ese deseo de cambio de estructura o modo de relación entre las personas que han decidido establecer un compromiso.

Libertad individual, espacio personal, derecho a la intimidad, son conceptos nuevos integrados dentro de la nueva naturaleza de pareja que deseamos. El reconocimiento de estos conceptos y su significado supone un gran avance y genera relaciones más satisfactorias e igualitarias. Su importancia llega a ser reconocida incluso por las leyes, el derecho a la intimidad, como prueba ineludible de la necesidad de cambio y progreso social.

La objeción estaría en el mal uso que en ocasiones se hace de estos derechos, en el exceso de límites entre la libertad individual, el espacio personal y el compromiso que contraemos al vincularnos emocionalmente con otra persona para formar una pareja.

Amparados en nuestros derechos individuales dentro de la relación de pareja caemos muchas veces en el error de silenciar y no compartir nuestras experiencias internas con la persona que hemos elegido, guardándolas con empeño.

Esta conducta envuelve a la persona en un “halo de misterio” y ambigüedad que provoca la incertidumbre y lejanía en el otro miembro de la pareja que comienza a especular sobre qué le estará pasando a su compañero o compañera. La ambigüedad es muy amplia y cabe todo. Así una gran parte de estas especulaciones van a estar relacionadas con el miedo a una posible infidelidad y como consecuencia aparecerán los sentimientos de celos.

Otras veces es todo lo contrario, es el exceso de información compartida, algo muy frecuente en las parejas reconstituidas cuyos miembros proceden de otras uniones anteriores (separaciones, divorcios o viudedad) lo que acaba generando los sentimientos de inseguridad e inestabilidad, sobre todo si algún miembro de la nueva pareja no ha concluido sus vínculos anteriores. Aunque este asunto bien valdría un punto aparte de este espacio donde pudiéramos tratar con la debida amplitud las consecuencias que para nuevas relaciones tienen los finales no acabados.

 

Aspectos psicológicos y relacionales

Sad beautiful girl in presence happy coupleEn cualquier caso dentro de estas nuevas configuraciones de pareja los celos no son admisibles y solo se contemplan de forma peyorativa y muy desdeñable. La persona que los siente suma al sentimiento de malestar generado por el miedo a la pérdida y al abandono, el sentimiento de vergüenza por el hecho de sentirlos, entrando una circularidad consigo misma que se manifiesta de esta forma:

La vergüenza por sentirlos hace que se sienta más insegura dentro de la relación, menos adecuada que el otro miembro que no los siente, como si estuviera haciendo algo mal, incurriendo en una falta, y por tanto se sentirá menos válida, menos fuerte y más vulnerable frente a su pareja, lo que repercutirá en un aumento de los sentimientos que llamamos celos.

La gran mayoría de las veces esta circularidad de la persona consigo misma está incluida en otra más amplia, la que está funcionando dentro de la dinámica del patrón relacional de la pareja donde el contenido de los celos será una parte más de la escalada de poder en la que la éstos están inmersos. Se hace entonces necesaria la intervención terapéutica en la unidad de la pareja.

Así, si contemplamos solo la parte de la persona que los padece estaríamos tratándolos desde un punto de vista unidireccional y por ende, irresoluble.

Cuando el tratamiento solo va dirigido a la parte del problema que está expresando el síntoma, es decir, la autovaloración, el amor a sí misma de la persona afectada, se pueden producir cambios y el sufrimiento se suaviza, pero la mejoría no es duradera ni sólida y en breve espacio de tiempo la persona tratada vuelve a sentir de nuevo el mismo desasosiego y vuelve a cuestionarse. En el caso de que terapéuticamente se intervenga desde un punto de vista unidireccional, corremos el riesgo de empeorar la situación, ya que la persona tratada se cuestiona y se juzga más duramente porque “vuelve a estar igual”.

Esto nos demuestra que el abordaje de esta problemática de relación debe ser siempre bidireccional. Si lo consideramos desde esta perspectiva desde el principio, ayudaremos a resolver el conflicto de forma mucho más rápida y evitaremos el refuerzo del malestar que le produce a la persona afectada el hecho de pensar que no ha podido resolverlo, ya que, considerándolo solo como un problema individual, en primera instancia, es imposible su resolución.

Tengamos en cuenta que en todos los casos en los que se da una situación de celos hay conductas que los provocan que son atribuibles a los dos miembros de la pareja. Ahora bien, hay casos en los que la intensidad con que se sienten y el sufrimiento que producen en la persona que los padece no es proporcional a la situación real.

Es en este punto donde sí pueden tener protagonismo y sentido los conceptos como baja autoestima, inseguridad, miedo exacerbado al abandono y a la pérdida. En estos casos sí es recomendable una intervención que confronte a la persona con su historia familiar y su ciclo vital con la intención de identificar qué hecho significativo está recreando (infidelidad, abandonos, pérdidas no resueltas) sucedidas en su sistema familiar antecesor y/o en su propia existencia. Cuando ocurre así el miedo no tiene que ver tanto con la conducta de nuestra pareja, sino con un miedo antiguo instalado en nosotros desde muy temprano.

Por otro lado el miembro de la pareja que no presenta el síntoma puede no estar libre de la necesidad de ser aceptado, de la negación del dolor, del miedo al abandono, de la inseguridad o la falta de autovaloración. Cuando ocurre así el hecho de que nuestra pareja sienta celos nos hace sentir más importantes, más queridos, más deseados, más valorados. Desde ahí, no es difícil entrar en el “juego de provocarlos”. Este tipo de conducta refleja carencias personales muy profundas.

Esta reflexión pretende dar salida a un conflicto que habitualmente se instala en la pareja y que estanca a sus componentes en el malestar y la insatisfacción con respecto a su relación, traduciendo el mito de la patología de los celos en la definición de un conflicto relacional que abordándolo como tal desemboca en un desenlace mucho más deseable, pero no sin exigir a los protagonistas de la pareja una gran dosis de compromiso en el reconocimiento de la responsabilidad ineludible que como miembros de la relación tienen consigo mismo y con el otro.
rear view of couple holding hands walking in autumn countryside

2 Comentarios
  • Mjose
    Publicado a las 13:06h, 11 octubre Responder

    Cargado de absoluta razón. Me viene muy bien leerlo de vez en cuando. Gracias Violeta

    • Violeta Mendoza
      Publicado a las 12:47h, 12 octubre Responder

      Me alegra que te sirva. Esa es la intención!

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